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Arquitectura en Imagen: La Ciudad Representada

20.2.2017

Artikulo hau Quaderns d´arquitectura i urbanisme aldizkariko webgunean argitaratu zen 2014ean.

El artículo fue publicado en la web de Quaderns d´arquitectura i urbanisme en 2014

 

Tanto la sociedad occidental como la construcción de su territorio han estado presionados por las leyes del mercado de producción de inservibles. Lo siguen estando. Y en un intento desesperado por perpetuar ese voraz modelo productivista, y en la manera de quien huye hacia adelante, surgen ininterrumpidamente sujetos creativos, publicistas y expertos en marketing que se encargan de “empaquetar” los inservibles en astutas campañas de consumo de lo inservible.

 

La arquitectura se ha sometido al lenguaje de la imagen. En 2008, el museo Macba analizó “la condición de documento y la utopía fotográfica moderna”. En el marco del repaso histórico que allí se hizo, destacan las relaciones que se establecen entre arte, imagen y arquitectura y los poderes políticos y los estados que se tercian en cada momento.

 

Las exposiciones fotográficas diseñadas por El Lissitzky entre 1928 y 1930 establecen un paradigma anclado en las rupturas epistemológicas, las nociones de una «nueva visión», de la era de la revolución soviética. Este paradigma irradiará en Europa occidental a través de la Bauhaus y será un instrumento para los nuevos regímenes fascistas de Italia y Alemania en los años treinta; después, será reelaborado a su vez en Estados Unidos en el contexto propagandístico de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Existen diferentes momentos históricos en los que el artista deja de ser autor para convertirse en productor “aliado”. Lissitzky dio el paso de la fotografía al montaje expositivo como otra manera de comunicarse con el público. Conocedor del trabajo de Lissitzky, Herbert Bayer entendió que la exposición se convertía en medio de comunicación. Con la llegada de Hitler al poder, puso la práctica de esos métodos en manos de la maquinaria publicitaria nacionalsocialista. El propio Goebbels aprobaba dichas exposiciones en estos términos: “la experiencia individual se ha convertido en una experiencia del pueblo gracias a la cámara.” Implicaba la generación de afecto por lo propio, la representación de una forma de relacionar a las masas con las políticas y las construcciones del estado. El patrimonio y el estado eran indisociables, se construye así un nuevo imaginario dirigido.

 

Imaginario y patrimonio definidos bajo la exigencia de monumentalización. El blog The Funambulist publicó en febrero de 2014 un artículo titulado Nazi Architecture as Affective Weapon firmado por Gastón Gordillo, en el que se retrata el modo en que la Unión Soviética y Hitler competían por construir monumentos instantáneos, en una especie de carrera por demostrar, a través de la arquitectura, quién ostentaba el mayor poder. Cuando Hitler ordenó la invasión de la Unión Sovietica en 1941, Speer advirtió la gran influencia que el Palacio de los Soviets ejerció sobre Hitler. Precisamente, según las tropas alemanas avanzaban hacia Moscú, Hitler afirmó: “Por fin y para siempre, éste será el final de su edificio.”

 

En la evolución de la arquitectura de las últimas décadas, es la imagen lo que ha prevalecido por encima otro tipo de miradas. Se trata, sin duda, de un requisito que lleva intrínsecos convenios de mercantilización llevados a cabo por los estados e instituciones aliadas. Consumimos imágenes de arquitectura. La abundancia y la progresiva “espectacularización” de la fotografía arquitectónica nos dejan desprovistos de una pausa crítica. Es como si la arquitectura y su propia imagen hubieran tomado y adoptado el mismo camino y las mismas fórmulas de “estetización” radical para convertirse en producto “imaginario”. Una sobredosis de imágenes que se “vende” como el nuevo paradigma actual; máscara, piel o cuerpo sin órganos como contemporaneidad absoluta.

 

Y como sostiene Boris Groys, bajo las condiciones de la modernidad hay dos formas de producir y hacer llegar al público una obra de arte: como mercancía o como instrumento de propaganda política. Entre 1890 y 1920, la fotografía de la arquitectura salta del ámbito académico a las publicaciones generalistas en un intento de transformación del individuo a través de la nueva arquitectura. La historiadora Beatriz Colomina [02] habla de la arquitectura moderna como medio de comunicación de masas: “Me interesaba la reacción tan fuerte de Loos de denuncia de los arquitectos que según él se venden a las revistas de arquitectura y transforman su arquitectura de manera que aparezca bonita en las revistas. Loos criticaba la arquitectura de Hoffmann, diciendo que sus proyectos eran bidimensionales. En cambio su propia arquitectura, postulaba Loos, no se podía apreciar más que viéndola en persona.”

 

El trabajo fotográfico de la arquitectura se distancia en ese momento de la experiencia documental, de la práctica de la experiencia, para centrarse únicamente en imagen de consumo o propaganda. Podríamos considerar, por tanto, que la alianza entre la arquitectura y la fotografía o la imagen como producto de marca, inicia su andadura a principios del siglo XX, y concluye en la actualidad con las ciudades representadas a sí mismas como productos de marca en folletos de turismo o en eventos de políticas “bienpensantes”. Se promueve una sociedad basada exclusivamente en la representación. La representación de todas las “cosas” anula la posibilidad de experienciar los espacios que habitamos, oculta lo real para simular realidades dirigidas. El escritor John Berger [03] lo sintetiza de forma magistral:

“Imaginémonos que de pronto el mundo material, sustancial (los tomates, la lluvia, los pájaros, las piedras, los melones, los peces, las anguilas, las termitas, las madres, los perros, el moho, el agua salina) se revolviera contra la inagotable corriente de imágenes que mienten sobre él. Imaginémonos que reaccionara y reivindicara que dejasen de manipularlo gramatical, digital y pictóricamente; imaginémonos una rebelión de lo representado”.

 

[02] Beatriz Colomina, “Privacidad y publicidad. La arquitectura moderna como medio de comunicación de masas”, Cendeac (2004)
[03] John Berger, “El tamaño de una bolsa”, Taurus (2004)

 

—Ibon Salaberria, La Ciudad entre otras Políticas. Tabakalera, 2014

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